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Mi mujer se trepó sobre Gabriel y ensartó la verga en su concha
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Antiguo 11-12-2008, 03:45 PM
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Predeterminado Mi mujer se trepó sobre Gabriel y ensartó la verga en su concha

NUESTRO TRÍO CON EL MASAJISTA Mi mujer se trepó sobre Gabriel y ensartó la verga en su concha, yo le apoyé mi nabo en el ojete negro y se la clavé hasta el fondo, podía sentir la enorme verga del masajista dentro de mi esposa

Desde hace muchos años junto a mi esposa fantaseamos con la idea de tener sexo en grupo, es decir, ella y yo más otro hombre. Inclusive, hablamos que era mejor tener esa experiencia en el exterior que dentro de nuestro país, donde la sola mención de nuestras intenciones podrían sonar descabelladas. Lo cierto es que sin darnos cuenta, la situación se presentó por sí sola…

Debido a unos problemas de dolor en su columna, mi esposa visitó a un masajista extranjero que le recomendó una amiga. Por temor a estar con un extraño a solas, mi esposa le pidió a su amiga que se quedase en el gabinete del masajista mientras a ella la masajeaba. Me contó que estuvo siempre con su ropa interior puesta y que la camilla tenía un agujero donde una persona podía reposar su rostro. Conclusión:

Mi esposa me confesó que el masajista tenía unas manos enormes y que se había excitado durante la sesión, en especial, porque le hizo unos masajes muy sensuales en las palmas de las manos. Con el tiempo, descubrimos que esos masajes tienen una carga erótica enorme y se realizan con el fin de excitar a quien los recibe. Y mi esposa me dijo que se hubiese estado sola con ese masajista, no hubiese respondido a qué hubiese pasado. Semejante comentario me dejó preso de curiosidad y excitación. Le dije que me gustaría ir con ella al masajista, pero me respondió de manera evasiva, supongo adivinando mis intenciones…

Sabiendo que quizás por allí encontrábamos el camino para hacer realidad nuestra fantasía, comencé a aprender técnicas de masajes. Un poco investigando por Internet y otro tanto gracias a unos libros ilustrados. A las pocas semanas, le ofrecí darle masajes… Ella se rió pero creo que adivinaba por dónde había nacido mi curiosidad por saber dar masajes, es decir, brindarle el mismo placer que otro le brindó. Los masajes en casa rindieron rápido fruto. Además de que me encantaba masajearla y ella lo disfrutaba, creo que en fondo los dos imaginábamos que era "aquel masajista" quien le ofrecía el servicio.

Como los masajes en casa eran con ella totalmente desnuda, la excitación era aún mayor. Nunca un masaje terminó sin una tremenda cogida, salvaje en algunos casos, donde la penetraba tanto por la concha como por el culo. Y antes de terminar el masaje ( donde me concentraba mucho en acariciar cerca los labios de su concha y el ojete del culo ), ella estaba totalmente empapada y chorreando flujo de excitación. Para hacer alguna sesión más rica que otra, la penetré doblemente con un consolador de goma que tenemos. Pero, insisto, creo que ella presentía hacia dónde iban mis nuevos gustos.

Una noche, después de un masaje que terminó en llenarle el culo de leche, le dije si se animaba a visitar juntos a aquel masajista argentino. Al principio se resistió y molestó, pero cuando le dije que podíamos hacer realidad nuestra fantasía con alguien que ya la había tocado o acariciado, reflexionó un poco más. Le dije que si ella me lo permitía yo quería visitarlo antes y conocerlo, con la excusa de que me haga un masaje a mí. Me dio la dirección y a los días estuve en su gabinete. Más allá del masaje, hablamos de todo un poco, ya que también soy extranjero, y le pregunté si muchas clientes terminaban rendidas al encanto de sus manos.

Nos reímos mucho, le dije que de manera amateur yo había comenzado a darle masajes a mi esposa… y cómo los finalizábamos, y producto de la conversación me contó algunas historias que no creo que sean accidentales cuando uno se dedica a ese oficio. En otras palabras, se cogía a la mayoría de sus clientes femeninas. Entonces, le pregunté si daba masajes a domicilio y en especial a la pareja de uno. Por su silencio y mirada, presentí que entendía mis intenciones. Me preguntó:

- ¿Te gustaría que le de un masaje en tu casa a tu pareja? - Sí – respondí – Conmigo presente.

- ¿Querés aprender masajes…¿ no me irás a quitar el laburo? – dijo sonriendo. - No, no me malentiendas – quiero que le demos juntos un masaje a mi esposa. - ¿Completo? – preguntó adivinando si sabía el significado de ese término. - Tan completo como ella lo desee, tenemos que ver… - respondí.

Quedamos en que nos visitaría en nuestra casa, apenas yo le cuente a mi esposa y tenga su consentimiento. Cuando le dije lo que hice, casi me mata. Al principio se molestó mucho recriminándome que con mi conversación el masajista sabía que habíamos fantaseado con incorporar otro hombre a nuestras sesiones de sexo. Le dije que sí y que el masajista me comentó que se coge a la mayoría de sus clientes femeninas, es decir, que para él era parte de su trabajo. Placentero pero consecuencia de su trabajo… y que no se hacía ningún problema después.

Entonces me preguntó si yo estaba seguro y solamente le respondí que probemos. Si algo no le gustaba… allí se cortaba la cosa. Esa noche cogimos como perros desenfrenados y no paraba de repetirme… "qué ganas de tener otra pija ahora en mi culo". Al otro día llamé a Gabriel, así se llamaba el masajista argentino y le dí la dirección de la casa para que nos visite a la noche.

Para tal ocasión, me depilé totalmente la verga y le pedí a mi esposa que hiciera lo mismo con su concha y culo. Fue a un salón de belleza y a la tarde regresó depilada como Dios la trajo al mundo. Cuando me mostró el trabajo que le hicieron no lo podía creer. Su concha parecía más abultada que de costumbre, sus dos labios vaginales estaban rojos carmesí y el ojete del culo brillaba por su limpieza, ni un solo pelo a la vista. Sin perder un segundo la puse en cuatro y le chupe los dos agujeros como si fuese la primera vez… y allí la cortamos.

A las nueve de la noche tocaron el timbre de nuestra casa y nerviosos esperamos que Gabriel llegase hasta nuestra puerta. Golpeó suavemente la misma, lo hice pasar y le ofrecí algo de beber. Me respondió que no… y que había venido a darle el masaje a mi esposa. Llamé entonces a mi esposa, quien luciendo su salida de baño llegó a la sala y se saludaron con un beso en la mejilla. Al lado de mi esposa, quien es de pequeña estatura pero de cuerpo voluptuoso, el masajista se veía como un gigante. Y definitivamente, tenía manos y dedos inmensos.

Gabriel preguntó si teníamos alguna camilla o espacio donde facilitar el masaje y sugerí que lo único plano y grande era la cama de nuestro dormitorio. Acto seguido caminamos los tres hasta allí. Coloqué una toalla grande en el centro de la cama, me senté a esperar con mi esposa en un sillón que tenemos en el dormitorio y Gabriel pidió permiso para ir al baño. Al cabo de unos minutos salió vestido totalmente de blanco, luciendo una camiseta pegada al cuerpo y unos pantalones parecidos a los que usan los médicos.

- Señora, quiere acostarse por favor en la cama – le pidió. - ¿Me saco la bata? – Preguntó nerviosa mi esposa. - Sí, por favor…

Mi esposa se quitó la bata de baño y tenía puesta una microtanga que le compré en un sexshop de Buenos Aires. Esa tanga tiene una particularidad. A simple vista parece un modelo común y corriente de tanga, pero si la mujer abre las piernas, tiene una abertura justo a la altura de la concha, como para coger sin sacársela. Su sostén apenas tapaba la erección de sus pezones. Yo ya tenía la verga dura de ver ese rápido espectáculo: Dos hombres y una mujer en la misma habitación.

Se recostó boca abajo sobre la toalla, Gabriel se puso aceite aromático en sus inmensas manos y comenzó a frotarle la espalda y los hombros. De vez en cuando me dirigía una mirada, pero mi esposa no hacía ruido alguno. Habrá estado así unos diez minutos cuando comenzó a frotarle los hombros y luego pasó a frotarle la palma de las manos. Justamente, el masaje que había excitado a mi esposa. Ella con los ojos cerrados, comenzó levemente a gemir y a entreabrir su boca.

- ¿Le gusta, señora? – preguntó Gabriel. - Sí… hummmmmm… es muy agradable – respondió ella.

- Bien, le pido que se relaje porque ahora le haré masajes de glúteos y piernas.

Yo contemplaba extasiado la situación. Un hombre masajeando a mi esposa, casi desnuda y yo "al palo" desde el sillón con mi verga a punto de reventar dentro del jean que llevaba puesto. Pese a que el aire acondicionado estaba encendido, en la habitación hacía un calor enorme o al menos eso sentía yo…

Gabriel se puso más aceite en las manos, se colocó al final de los pies de mi esposa, y agachado en la cama comenzó a masajearle intensamente los muslos y las nalgas. Las manos subían y bajaban. A veces rápidamente y otras en forma lenta, como palpando cada centímetro del cuerpo de mi mujer. Gabriel, mirándome, me preguntó:

- Pedro, ¿no me querés ayudar? Me dijiste que querías aprender a dar masajes, ¿no? - Sabe… - respondió mi esposa – Pero sería bueno que aprenda más. - Ya vengo, me voy a poner cómo como ustedes – dije.

Mi esposa abrió los ojos y vio como me saqué toda la ropa y me quedé sólo con el boxer puesto. Mi verga dura se marcaba totalmente. Ella y Gabriel se dieron cuenta. Tomé aceite en mis manos, las embadurné y le pregunté al masajista qué podía hacer.

- Cada uno le masajeamos una pierna, ¿te parece? La idea es masajearlas por adentro, por la parte interior del muslo – me dijo guiñándome un ojo – Pero usted señora nos tiene que ayudar. Le voy a poner una almohada debajo para que su cola se eleve y tiene que abrir un poco las piernas, ¿está bien? - Sí – dijo mi esposa siguiente sin duda el juego. Apenas se incorporó, se colocó una almohada grande debajo de su barriga, se echó y abrió las piernas sin pudor alguno, demasiado abiertas.

Ahora, lo que con Gabriel estábamos viendo nos dejó mudos. Al abrir las piernas, la tanga se abrió de par en par mostrando el agujero que tenía y su concha totalmente empapada, le brotaba flujo como si fuera leche escurriendo. Un olor a sexo invadió la habitación. Con Gabriel empezamos entonces a masajear la cara interna de los muslos durante algunos minutos, sin despegar la vista de la concha grande y hermosa de mi esposa. Con nuestros dedos, casi acariciábamos los labios pero nuevamente seguíamos masajeando los muslos interiores. Mi esposa solo gemía y ahora más fuerte.

- ¿Está disfrutando, señora? – preguntó Gabriel. - Sí… hummmmmmmmm… mucho, sigan así los dos – respondió ella. - Sería mejor quitarte la tanga y el sostén, amor – dije – se te pueden manchar con el aceite. A ver permitime…

Sin decir nada, ella levantó su cola y le quité la tanga quedando totalmente desnuda. Luego, ella misma se aflojó el sostén y lo lanzó a un costado de la cama. Ahora, con el culo en pompa, las piernas abiertas… era un bocado sexual para ser devorado. Fue cuando Gabriel dijo:

- Yo también me voy a poner más cómodo…

Se quitó su camiseta blanca y su pantalón. Él también tenía un boxer puesto y su erección era descomunal. Calculo que tenía una pija de 25 o 30 centímetros, muy superior a la mía. Ahora, los dos solo en calzoncillos y con mi esposa desnuda, la comenzamos a masajear de nuevo. Los gemidos de mi esposa cada vez eran más fuertes y de manera acompasada levantaba y bajaba el culo al compás de nuestras caricias. En ese momento, sabiendo que estábamos a un paso de coger entre los tres, mi esposa tuvo un detalle consciente, calculo. Comenzó a apretar y dilatar el ojete de una manera intensa.

Una y otra vez, mientras la masajeábamos con cuatro manos, su ojete se abría y luego lo apretaba… Yo estaba por vaciarme allí mismo, así que ni corto ni perezoso, comencé a pasar mi dedo con aceite por encima de su ojete, apretando su botoncito. Al ver esto, Gabriel metió tres dedos enormes en la concha de mi esposa, que no opuso resistencia alguna – y comenzó un lento y profundo mete – saca. Mi esposa ahora gemía… y dijo…

- Qué rico… hummmmmm… más, más… quiero más… háganme gozar…

Con Gabriel nos quitamos los boxer y ahora no me quedaba duda que tenía una verga impresionante. Parecía el brazo de un bebé, pero lleno de venas y estaba circuncidado. Con un rápido movimiento, pasé a la parte superior de la cama, y luego de besar con lengua a mi esposa, le puse mi pija en la boca, la chupaba como poseída tragándose mi vara hasta los huevos… En ese momento, Gabriel se colocó un condón, le abrió más las piernas y agarrándola de las caderas, la elevó y clavó su pija de un solo saque.

Vi desaparecer casi 30 centímetros de carne dentro de mi esposa, quien ahora se movía y chupaba como si fuese el último minuto de su vida. Gabriel la estaba cogiendo rico, yo no quería perderme un segundo de lo que ocurría. Fue cuando mi esposa tuvo su primer orgasmo, gritando como loca y quedando luego casi desvanecida en la cama.

Lentamente, Gabriel le quitó la pija de adentro y yo también de la boca. Fue cuando le pedí a Gabriel que se acostase boca arriba, aún con su mástil erecto. Tomé tiernamente la cara de mi esposa y la llevé a centímetros de ese monumento de carne. Recobrando la fuerza de golpe, empezó a chupar la verga del masajista. Apenas le entraba en la boca, pero mientras se la chupaba a duras penas, le escupía el tronco y con la saliva lo pajeaba. Al cabo de unos minutos de chupar – y mientras yo le metía dos dedos al dilatado ojete – se trepó sobre Gabriel y poco a poco ensartó la verga en su concha. Gabriel le agarró las nalgas, las abrió y me dijo:

- Pedro, ¿no querés que la cojamos juntos a tu bella esposa?

Apunté entonces la cabeza de mi verga, la apoyé en el ojete negro y abierto de mi esposa… y se la clavé hasta el fondo. Entre los pliegues de piel, podía sentir la enorme verga del masajista dentro de mi esposa. Primero, nos comenzamos a mover lentamente, uno saliendo otro entrando. Mi mujer, toda transpirada, solo pedía más y más pija. Pasaron cinco minutos y mientras la cogíamos entre los dos y Gabriel le chupaba los pezones, acabó con unos estertores que parecían dignos de una persona con epilepsia, quedando acostada, jadeando, en el pecho de Gabriel. Nosotros, aceleramos el ritmo y prácticamente juntos terminamos dentro de ella. Fue un momento inolvidable.

Luego, la dejamos dormida en la cama, empapada en sudor y con sus dos agujeros abiertos de par en par. Echada boca abajo, con las piernas aún abiertas, un hilo de semen le brotaba del ojete… Con Gabriel nos miramos sonriendo. Él se fue a dar una ducha rápida, se vistió y pagué con gusto los mejores 100 dólares de mi vida. Quedamos en encontrarnos en otra ocasión, pero pasaron meses y años, y jamás volvimos a vernos. Sólo nos queda el recuerdo de un momento magnífico de a tres, donde pudimos convertir nuestra fantasía en una caliente realidad.

Gracias por leernos, esperamos sus votos...

Quien desee tomar contacto con nosotros, inclusive tenemos cámara web, háganos llegar sus comentarios y fotos a nuestro correo.

Autor: pontetucamara ponetucamara (arroba) hotmail.com
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El siguiente Usuario da las gracias a Porno por este Post:
BerPod (07-20-2009)

Respuesta: Mi mujer se trepó sobre Gabriel y ensartó la verga en su concha
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Antiguo 01-21-2009, 02:09 AM
marco197768 marco197768 está desconectado
Dios del Sexo
 
Fecha de Ingreso: Nov 2008
Ubicación: chile
Mensajes: 1,654
Gracias: 126
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Predeterminado Respuesta: Mi mujer se trepó sobre Gabriel y ensartó la verga en su concha

no haria eso con mi señora ni cagando compadre......
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Respuesta: Mi mujer se trepó sobre Gabriel y ensartó la verga en su concha
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Antiguo 03-07-2010, 02:52 PM
d4ni3lb d4ni3lb está desconectado
Virgen
 
Fecha de Ingreso: Mar 2010
Mensajes: 12
Gracias: 7
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Predeterminado Respuesta: Mi mujer se trepó sobre Gabriel y ensartó la verga en su concha

tampoco prestaria a mi mujer pa esa huevada..
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