Ver a mi abuela con la verga de su nieto en la boca jugando con su lengua
ENSEÑANZAS DE MI ABUELA Ver a mi abuela con la verga de su nieto en la boca jugando con su lengua en toda mi verga, agarrándome las bolas, no pude aguantar y recibió mi leche en su boca
Bueno, no se como comenzar a contar esta historia, tal vez muchos ni siquiera la crean, porque la verdad, ahora que ya soy mayor, si alguien me la contara, yo tampoco la creería. De todas formas, es algo que quiero escribir como satisfacción propia.
Me crié junto a mi madre y a mi abuela, sin la presencia de un padre. Mi madre, que en ese entonces ya no era joven, quedo embarazada de mí, y mi progenitor, porque no se le puede decir padre, nunca me reconoció. Como todo joven, la masturbación, era mi vida. No encontraba nada más placentero que meterme al baño, con revistas que incluso sin ser pornográficas, solo mostrando mujeres en ropa interior, lograban excitarme.
Un día en la tarde, mientras mi madre estaba en el trabajo, me prestaron una película, que tampoco era porno, pero que sin embargo, las escenas eran bastante sugerentes y atrevidas. Como el video estaba en la pieza de mi madre, tuve que verla ahí y este dormitorio, no tiene puerta. Como es natural, me excité, y al sentir que mi abuela estaba en la cocina, lavando los platos, comencé primero rozando mi verga por sobre el pantalón, pero las escenas me calentaron más de la cuenta y no aguanté la tentación de sacármela y empezar a masturbarme, mientras escuchara el agua de lavaplatos, no habría problema.
Por suerte había una servilleta de papel en la pieza con lo cual recibiría mi descarga. No aguanté más y comencé a descargar mi leche con la servilleta cubriendo mi verga, sin embargo, al abrir mis ojos, veo a mi abuela mirándome desde la entrada. Para mala suerte mía, mi abuela recordó que en la pieza, se encontraban unos vasos sin lavar.
• ¡Gonzalo! • (Me quedé frío de la impresión, tapándome con mi polera)
No me dijo nada más, con una cara de enojo, tomó los vasos sucios y salió de la pieza. Para que les digo como me sentía, muerto de vergüenza, incluso hasta con ganas de llorar. Me metí a mi habitación y no salí en toda la tarde.
Ya como a las 6, me llama a tomar once. Nos sentamos solos los dos en la mesa y no intercambiamos ninguna palabra. De repente ella rompe el silencio:
• Gonzalo, sabes que estabas haciendo hoy. • (Silencio) • Contesta hijo • Si se abuela. • No, no sabes, eso es pecado, aparte que no es bueno para la salud. • Si abuela. • No quiero que lo vuelvas hacer. • Bueno abuela.
De ahí en adelante, mi vida cambió rotundamente. No me dejaba cerrar la puerta de mi dormitorio, incluso cuando iba al baño me tenía prohibido cerrarla con pestillo, y mucho menos demorarme. Pasó como una semana y no me dejaba tranquilo. Solo en una ocasión logré descargarme mientras ella iba de compras. Eran tantas las ganas, que apenas entré al baño comencé a meneármela y en menos de un minuto, boté litros de semen.
Mi vida no podía ser más desdichada, sin embargo, a la semana siguiente, mi abuela me llama a su habitación. Me dice, que estuvo leyendo sobre el tema y que es algo natural que ocurra en la juventud, que incluso sirve para posterior en la vida como pareja, que incluso, había escuchado que la acumulación, puede ser perjudicial para la salud. Pero que el pensamiento que yo tengo mientras lo hacía, era pecado. Por lo tanto, me daba una solución, podría hacerlo, pero solo hacerlo delante de ella, para evitar mis malos pensamientos.
¿Se imaginan? La vergüenza que sentía yo en ese momento. Mi abuela, a sus 64 años, era una mujer muy autoritaria, incluso ni mi madre se atrevía a desobedecerla. Yo en ese entonces acataba las órdenes sin poner un solo pero.
• ¿Tienes ganas ahora? • No abuela. • No seas mentiroso, vamos hazlo para que terminemos con esto. • No tengo ganas ahora de verdad abuela. • No importa, quiero que lo hagas... ya pues, que espera.
Con mucha timidez, me metí la mano al pantalón y comencé a tocármela.
• ¿Pero que haces?, sácatela igual que el otro día, o si no vas a manchar el pantalón. • Pero abuela, me da vergüenza. • Como vas a tener vergüenza con tu abuela, si te conozco desde chico. • Pero abuela. • Nada de peros.
Así que muerto de vergüenza, tuve que bajarme los pantalones y empezar a masturbarme delante de mi abuela. Pero como han de suponerse, no se me paró. • Haber hijo, déjame ayudarte. Y con su mano empieza a masajeármela, hasta que logró una notable erección. Le dije que ya no aguantaba más, y con un pañuelo desechable en la otra mano, comenzó a moverla más rápido, hasta que logró hacerme acabar.
• ¡Mira la cantidad que botaste! • Si abuela. • Bueno, espero que con eso tengas, ¡Ah!, ¡no quiero que le digas nada a tu madre!, ¿entendido?, ¡Y a nadie! • Si abuela
Así pasaron dos sesiones más los siguientes días. No hallaba la hora que mi abuela terminara de lavar los platos y me llamara a su habitación. Debo confesar que era mucho mejor que hacerlo solo. Pero al tercer día, la sesión fue diferente. Al entrar a su dormitorio luego de su llamado, ella sentada en la cama y yo de pie, a la espera de la orden de que me bajara los pantalones, ella me dice:
• Sabe nieto, estuve pensando y estoy preocupada. Pienso que yo con tu madre, al ser mujeres hemos descuidado esta parte de enseñanza que se refiere al sexo. Así que quiero que se siente a mi lado, y conversemos. (Me siento a su lado) • Dígame, que sabe usted del sexo. • Bueno, lo que sabe todo el mundo yo creo abuela. • ¿Pero qué? • Que un hombre se acuesta con una mujer tienen relaciones y eso. • No mijito, el sexo es mucho más que eso, es dar amor es hacer sentir bien a la otra persona. No creas que yo tampoco sea tan mojigata, como tú piensas. Con tu abuelo, que en paz descanse hacíamos el amor bien seguido, y era maravilloso. Lo mismo tú tienes que hacer con tu pareja. Cuando hay amor está todo permitido. Incluso hay cosas que hacen sentir bien a la pareja que tú ni siquiera imaginas.
• ¿Cosas como que abuela? • Todo se centra en las caricias que tú le hagas a tu pareja, por raras que parezcan, mientras hagas sentir bien a tu pareja, todo esta permitido. • ¿Cómo raras? • Por ejemplo, muchas parejas se dan besos en los genitales. • ¿En los genitales? • Si hijo, ¿Nunca habías escuchado hablar de eso? • No abuela • Como yo soy tu abuela, y hay amor entre nosotros, lo que te voy hacer no es pecado. Solo quiero que te relajes, pero que trates de no acabar tan rápido.
Me levantó, me bajó los pantalones y me empezó a masturbar. Cuando consiguió que mi verga se pusiera dura, acercó su boca y comenzó a mamarla lentamente. Yo no lo podía creer, mi abuela a sus 64 años, con la verga de su nieto en la boca, jugando con lengua a través de toda mi verga, con sus manos agarrándome las bolas. Escuchaba como sonaba la boca de mi abuela cuando la sacaba completa y la volvía a meter. Aún no estaba listo para recibir tanto placer, por lo que no pude aguantar mucho. Le dije a mi abuela que me venía, pero ella no alcanzó a sacarla por completo y la primera descarga la recibió dentro de su boca, el resto en su cara y en el delantal.
• ¡Hijo, como no te aguantaste! • Disculpa abuela, pero se sentía tan rico que no me contuve. • Mira nada más como me dejaste
Mientras me decía esto, su mano seguía acariciándome la verga, por lo cual, esta no se ablandaba.
• ¿Aún te quedan ganas? • Si abuela
Ella nuevamente se la metió en la boca y esta vez empezó a chupar con más fuerza, por lo que tampoco duré mucho y lancé mi segundo chorro. • ¡Hijo! ¡Tienes que avisarme!, me has hecho tragarme dos veces tu leche. • Disculpa abuela, pero no me puedo contener. • Bueno, en todo caso, es rica, me gustó. Nunca la había probado.
Me repasó con su lengua, y con sus dedos, se sacó los restos de su cara y se los comió.
• Ahora anda a lavarte y ni una palabra de esto a nadie ¿entendido? • Si abuela, no te preocupes a nadie.
Autor: galan_de_31
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